Ciencia Ficción y gramática

Ciencia Ficción

Por Cristián Londoño Proaño

Hace mucho años, Isaac Asimov, uno de los escritores de ciencia ficción y divulgación científica más reputados y exitosos escribió varios artículos sobre el arte de escribir historias de ciencia ficción. Quizás algunos consejos son buenos, útiles y efectivos.  Y otros consejos marcan  un cierto pesimismo de Asimov. Uno de los consejos que entrega es sobre el lenguaje. 


He leído y he escuchado que algunos escritores consideran que los escritores de ciencia ficción no deben tomar en cuenta el lenguaje. El “cómo se escribe”. Es cierto, que la ciencia ficción es un campo que admite muchos cambios y no tiene un límite claro. Pero, la manera más certera de comunicarnos es el lenguaje. Y un lenguaje que esté bien estructurado -los puntos mínimos- posibilita una mejor comunicación. Hablamos de lo elemental, no de lo que puede rozar con el estilo del escritor. En definitiva, considerar que si se escribe ciencia ficción no interesa el lenguaje, es una mentira de grueso calibre. Una cosa es mantener una correcta y mínima estructura del lenguaje y otra, muy distinta, justificar el descuido del escritor.


Precisamente, en los consejos que entrega Asimov menciona que se debe dar atención a la gramática y a la ortografía. Considera que un escritor tiene que saberlo obligatoriamente.  Asimov dice: “La herramienta básica para cualquier escritor es su lenguaje, lo que significa que usted debe desarrollar una buen vocabulario y refrescar sus conocimientos de cosas tan prosaicas como la ortografía y la gramática”. Es decir, todo escritor debe manejar el lenguaje. Todo escritor realiza una concatenación de ideas mediante el uso de las palabras para estructurar un buen párrafo. El uso del lenguaje marca el ritmo narrativo del escritor. Aunque el escritor desee escribir una obra experimental, debe tener un conocimiento profundo del uso del lenguaje.


Precisamente, en los consejos que entrega Asimov menciona que se debe dar atención a la gramática y a la ortografía. Considera que un escritor tiene que saberlo obligatoriamente.  Asimov dice: “La herramienta básica para cualquier escritor es su lenguaje, lo que significa que usted debe desarrollar una buen vocabulario y refrescar sus conocimientos de cosas tan prosaicas como la ortografía y la gramática”. Es decir, todo escritor debe manejar el lenguaje. Todo escritor realiza una concatenación de ideas mediante el uso de las palabras para estructurar un buen párrafo. El uso del lenguaje marca el ritmo narrativo del escritor. Aunque el escritor desee escribir una obra experimental, debe tener un conocimiento profundo del uso del lenguaje.


Por un lado, la gramática contribuye a que la narración se mantenga fluida y no se atropelle. Un párrafo bien escrito hará que el lector se enganche. Un párrafo en que los verbos tengan una congruencia entre los tiempos verbales comunicará la historia. Por ejemplo, si un escritor coloca: “Nick subió a la cúspide del edificio marciano y se arroja rápidamente”. Nótese que hay una inconsistencia en el uso de los tiempos de los verbos “subir” y “arrojar”. El primer verbo ( subir) está en pasado y el segundo ( arrojar ) está en presente. Lo correcto debe ser, cualquier de esta dos opciones: “Nick subió a la cúspide del edificio marciano y se arrojó” o “Nick sube a la cúspide del edificio marciano y se arroja”. El concepto que hay en este ejemplo, Vargas Llosa lo llama “tiempo de la narración”. Este tipo de cuestiones y otras, debe conocer el escritor. Afanarse en aprenderlas. Quizás puede seguir un curso o un seminario de gramática. Pero la verdadera “cantera” de lo gramatical está en la lectura de la literatura clásica. Los autores clásicos tienen la virtud de manejar muy bien la gramática y enriquecernos en el vocabulario. Igual que los autores contemporáneos como José Luis Borges o Julio Cortázar y también las traducciones de las obras de Asimov, Heinlein y Bradbury, que puedan dar varias luces del uso de la gramática.



Por otro lado, mantener un correcto uso de la ortografía en los textos es esencial. Aunque sea un escritor independiente o un escritor publicado por editoriales tiene la misma validez. Precisamente, este tipo cuestiones pueden mermar el prestigio de la obra. Es cierto, que en los tiempos contemporáneos de redes sociales, la ortografía se estropea día a día. Es “normal” en las redes sociales no tildar algunas palabras. Cuando se escribe una novela o un relato esto es inútil. A menos, que el escritor tenga una clara intención de desarrollar este lenguaje con una intención determinada. Caso contrario, el lector lo considerará un grueso error. Por ejemplo, un escritor escribe un relato ubicado en el año 2500 y su personaje X encuentra un archivo antiguo con un mensaje de whatsapp de inicios del siglo XXI, que dice: “comenzo la pelicula de accion”. Este uso del lenguaje tiene una finalidad: el escritor quiso dar realismo y verosimilitud a su relato.

Tómese en cuenta que, la mayoría de lectores quieren una historia que se escriba bien y que no tenga errores ortográficos. Una historia que el lector no tenga que intervenir en corregir el texto. Un texto escrito con las esenciales reglas de la gramática y la ortografía comunica al lector lo que la historia nos entrega. Se deja leer.

Ahora, si bien es cierto, la gramática y la ortografía son importantes para la escritura de historias, no sólo es lo único. No hay que olvidar que el escritor debe manejar los diálogos, la estructura dramática y otras manejos lingüísticos. Adicionalmente, si quiere escribir una historia de ciencia ficción, se debe manejar mínimamente algunos aspectos científicos.


Una obra futurista que provoca un estado de alerta



El blogger invitado:  En esta entrada se reproduce la presentación de Lilia Hernández que hizo para la presentación de "Los Improductivos", novela de ciencia ficción de Cristián Londoño Proaño, en Santiago de Chile. 

Lilia Hernández es Licenciada en Educación y Profesora de Castellano en Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación. Cursó Psicología en Centro de la UNED en Buenos Aires, ejerció como docente en Universidad Nacional de la Patagonia Austral de Puerto San Julián e integró el equipo de investigación de dicha Institución. También estudió Pintura al Óleo y diversas Terapias alternativas. Actualmente se dedica a Talleres Terapéuticos y, principalmente, al oficio de la escritura, con una marcada preferencia por la temática psicológica, centrando el interés en la observación de los diferentes matices de las relaciones humanas y en la ficción existencial.  Sus obras son: "La Carta Póstuma. Ensayo sobre las voces chilenas del suicidio",  "Ficciones detrás del espejo", "Kathartes. El cóndor que soñó con encontrarse a sí mismo" y "Las doce agujas del reloj".


Una obra futurista que provoca un estado de alerta
Por Lilia Hernández

El libro Los Improductivos de Cristián Londoño, es un libro particular que tiene como tema la productividad en una ciudad utópica del siglo XXII. En principio la novela nos relata una competencia primitiva por negociar y ganar las acciones entre los Operadores para llegar a ser el primero en la lista mensual y luego ir ascendiendo puestos hasta llegar a ser la Máxima Autoridad Planetaria. En el sistema antiguo, la gente se cansó de creer en los gobiernos que colapsaron con sus reglas. A fines del siglo XXI se produjo La Gran Quiebra. Todos los países se endeudaron y quebraron. Los Hacedores asumieron el control y el poder mundial. Y he aquí la utopía que nos presenta el autor. El plan del nuevo sistema es “perfeccionar al hombre”; sin embargo la novela deja entrever la contradicción que esto implica, en esta lucha por Trascender y ser el mejor en rendimiento, el ser humano va perdiendo la comunicación y la capacidad de ver al otro. Entonces ¿se puede crear un mundo de igualdad cuando se instaura un mundo que sigue siendo una pirámide en escala social y de valores?


En este punto advierto la referencia de José Saramago, quien en sus obras nos planteaba la creación y utopía de mundos ficticios, que bien podrían alcanzarnos, o bien, si miramos los sistemas gubernamentales que nos rigen, son un artificio que no están lejos de aproximarse a nuestra realidad. Saramago definía su obra Ensayo sobre la ceguera como “la novela que plasmaba, criticaba y desenmascaraba a una sociedad podrida y desencajada”. Esto es lo que vislumbro en la novela de Londoño, el hecho de criticar el sistema.

Estos visionarios Hacedores cobran fuerza en el antiguo sistema quebrado y crean un nuevo sistema gubernamental, donde utópicamente no existen diferencias, aunque la base del sistema social se divide en Productivos e Improductivos, los primeros son sobre valorados y los segundos se desechan. Se atribuyen valores de igualdad, erradicar la violencia, e incluso con la ampolla inyectable de Buxín, puede ser más productivo. Y esto último es la única finalidad.


Las personas pierden sus nombres y se vuelven cifras bursátiles. El Operador 220 es un representativo ejemplo de la situación que el autor quiere reflejar, un personaje que en principio se deja llevar por este afán de ser el mejor en productividad, logrando incluso a escalar como Gerente, sin importar que para ello tenga que actuar traicionando a otros Operadores para lograr su objetivo.

Humberto Maturana y Francisco Varela, nos plantean en su libro El árbol del conocimiento que “el observador es un sistema viviente, y el entendimiento del conocimiento como fenómeno biológico debe dar cuenta del observador y su rol en él” (p. 17)

Por esto, a través de la novela y, de los ojos del protagonista (220), vamos observando que existe otra realidad, no tan evidente, pero que el autor quiere que veamos. Este actuar tiene consecuencias, que se condicen con la utopía planteada por el  sistema. Presenta irregularidades, que el personaje va develando a medida que transcurren los hechos. Él es investigado por la desaparición de la Operadora 305, a esto se suma que recibe una transmisión no autorizada, denunciando que la droga Buxín, provoca mutaciones en los genes y como consecuencia, esterilidad irreversible. Es decir, la especie está en peligro de extinción. 



Esta información, la extraña desaparición de la Operadora 305 y la noticia de que es apresado el Improductivo 410 por la muerte del científico Summers, cuando él sabe que el verdadero motivo es que el propio Summers le suministró ese informe. Todo esto lo confunde y hace que comience el cuestionamiento. Cuando un Improductivo es denunciado por delito de improductividad, cae en manos del Instituto de Genética que toma sus cuerpos, como conejillos de indias, inyectando virus letales y aplicando pruebas genéticas. Aparte está el Centro de Matrices Ovulares, encargados de la clonación humana. Y en el Banco de Órganos, los órganos de los Improductivos son extraídos para ser trasplantados a un nuevo Gerente. 


Pero el error de la tecnología que han ocupado para clonar a los Operadores productivos y crear este engranaje perfecto, como si fuese una máquina; radica en que las nuevas generaciones serían descendientes de los Improductivos, ya que los productivos para lograr la máxima productividad, se aplican Buxín, que es la droga de infertilidad.


En consecuencia, el protagonista advierte que el sistema de los Hacedores no se detendrá ante nada ni nadie, sin importar que la especie se extinga. La enfermiza adicción al poder monopolizado deja en evidencia la nueva grieta, que conlleva la quiebra del capitalismo global y de la humanidad. 

Vale más desechar que tener que remendar, nos diría Aldous Huxley en su obra Un Mundo Feliz (capítulo 5), y es que, resulta inevitable al leer la obra de Londoño, no recordar a este autor y hacer una analogía, donde el desarrollo de la tecnología reproductiva y el avance futurista desmesurado, hace perder otros aspectos humanos. Así como también cabe mencionar a Ray Bradbury, quien decía que no intentaba describir el futuro, si no prevenirlo; referencia que Cristián Londoño aplica cuando deja entrever que el engranaje perfecto de la máquina será destruido. Como resultado a esto, la obra provoca un estado de alerta, e invita al lector a cuestionar el sistema, con más conciencia sobre la humanidad.